Agarrando el rábano por las hojas

 
 
 
 Una clara mayoría de los argentinos rechaza el proyecto de “despenalización” de las drogas que promete introducir al Congreso este año el gobierno de ese país.
 
 Las encuestas indican, por el contrario, que la población apoya un endurecimiento de las medidas punitivas contra los involucrados en el tráfico y consumo, y muy pocos encuentran que es razonable la iniciativa gubernamental.
 
 En disyuntivas semejantes a esta,  otras sociedades que procuran alternativas al problema de las drogas han fracasado en hallar la fórmula mágica.
 
 Porque, a decir verdad, el problema es complejo de resolver. Si se despenaliza el consumo, de hecho se legaliza el tráfico. Si se endurecen las penas contra los productores y traficantes, y se es un tanto indulgente con los consumidores, siempre habrá demanda latente. Hasta ahora, el antecedente mas usado para justificar una despenalización del consumo es el de Estados Unidos y la ley seca contra el alcohol.
 
 Pero este parámetro puede resultar confuso. El negocio del alcohol, aun en la prohibición, no es tan fácil de desarrollarlo como el de las drogas, que hasta caben en funditas de cocaina en un estómago. El narcotráfico es una fuente multimillonaria de ganancias y de poder político que no se anularía de la noche a la mañana, despenalicen o no el consumo.
 
 Holanda permite la posesión y uso de porciones limitadas, pero en Europa no es igual el problema del tráfico que el de consumo.Por tanto, este espejo tampoco justifica la “despenalización”, como pretende el gobierno argentino.
 
 En América sí es un grave problema, pues el narcotráfico burla controles fronterizos, chantajea y coloca de su parte a una buena cantidad de autoridades, se enquista en estamentos del Estado y pelea a muerte el control de su mercado. Y la adicción crece y crece. Y a partir de la enorme masa de drogadictos se engendra en ella criminalidad y violencia, y las sociedades quedan presas en las ruedas de este fatídico flagelo.
 
 Qué hacer?
 
 No quedarse de brazos cruzados frente a ese enemigo. La acción punitiva debe ser mas eficaz, mas orientada al ataque de los productores y traficantes, mientras se invierte recursos en volúmenes superiores a los que hasta ahora se gastan para orientar y prevenir el consumo.
 
 La campaña mundial contra el tabaco es un ejemplo fehaciente de cuánto es posible lograr en la disminución de la adicción y consumo si se le habla claro a los usuarios de las terribles consecuencias que el fumar tiene en la salud.

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