Austeridad, no hay otro camino

 
 La gente habla de crisis cuando siente que sus modelos de vida cambian para peor.
 
 El que ve estrecharse su capacidad de compra y de pagos en medio de un ambiente de inflación, en el que los ingresos no aumentan y sí se consumen de inmediato en menos productos y servicios que lo habitual, sufre sin dudas la crisis, no así el que especula o eleva sus márgenes de ganancia y de beneficios netos cuando vende o gestiona en medio de la escasez.
 
 Mientras los magnates del petroleo y de las bolsas de valores obtienen elevadísimas ganancias en sus apuestas de inversiones o por vía de las materias primas básicas que comercializan en el mundo, los que dependen de ellas no tienen más remedio que pagar el costo de la manipulación o especulación en los mercados, sea por los vaivenes de las tasas y tarifas, o por los pánicos que crean en los consumidores todas las expectativas de recesión e inflación, que es la mezcla del fenómeno actual.
 
 Los más sufridos no tienen mas salida que ser austeros en sus estilos de vida y de consumo. Ser más racionales, mas pensativos a la hora de calcular cómo usarán, y para qué cosas necesarias, el dinero que perciben, que nunca alcanza para satisfacer todos los gustos que se promueven en una sociedad consumista. Y tienen que ser, ante todo, mas cuidadosos a la hora de comprometerse con nuevos préstamos para solventar sus déficit presupuestarios o para seguir en la competencia de lujos, comodidades y apariencias a que nos fuerzan los mercadólogos.
 
 De hecho, a esa austeridad se someten hoy millones de personas en todo el mundo, como una de sus últimas y necesarias alternativas para subsistir en medio de la crisis causada por la inflación y la recesión ( la famosa estanflación), mientras los gobiernos tienen que echar manos a sus recursos o excedentes para subsidiar la producción y algunos renglones de consumo alimenticio, no venga a ser que que las alzas imparables terminen por encender la chispa de la insatisfacción y la rebeldía popular de los que menos tienen y están a punto de ahogarse y los que, aferrados a un palo encima del precipicio, luchan por no caer hasta el fondo, que es el drama que contemplamos hoy.

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