No a las armas, sí a la producción alimenticia

La Organización de las Naciones Unidas, a través de su órgano para la Agricultura y la Alimentación (FAO) está alarmada por la ominosa amenaza de una hambruna mundial y busca revertir ese horizonte animando a sus miembros a destinar mas recursos para la producción alimenticia.

La ONU tiene ahora la mejor oportunidad de mostrar que su preocupación es sincera y no hipócrita. Solo tiene que pedir a cinco de los miembros de su Consejo de Seguridad ( Estados Unidos, Rusia, China, Francia e Inglaterra), que destinen proporcionalmente una parte de los incalculables y fabulosos gastos en armamentismo para un fondo de producción alimenticia del cual también se beneficiarán y protegerán, tanto o mas eficazmente que lo que procuran al abastecerse de tantos instrumentos de muerte y destrucción.

Los países del Tercer Mundo, que en la década de los noventa se gastaban mas de 350 mil millones de dólares en compra de armamentos, tienen que poner de su parte suspendiendo o reduciendo esas adquisiciones, que no conducen a nada positivo para el futuro de sus pueblos.

El Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) calculó una vez que si esas naciones congelan sus actuales gastos militares o en armamentos se ahorrarían en una década mas de 100 mil millones de dólares, suma suficiente para dar de comer, asegurar servicios de salud y de agua y de alfabetización y mejor calidad de vida a sus habitantes.

Se han hecho interesantes cálculos acerca de lo que dejan de recibir los ciudadanos de esos países cuando sus gobiernos se embarcan en monumentales compras de armamentos, muchos de los cuales ni se llegan a usar o, si se usan, no garantizan una mejor suerte ni un mejor destino para sus ciudadanos.

La carrera armamentista ha estado basada en el supuesto de que es una previsión para la paz, para la disuasión ante la posibilidad de una guerra, pero solo bastaría cambiar el formato de este supuesto, y considerar que ahora la paz mundial está mas amenazada por una hambruna a la vista que afectaría a mas de 200 millones de personas en todo el mundo, con su secuela de protestas violentas, oleadas populares pára derribar gobiernos y una acentuada desestabilización general, que echaría por el suelo esquemas políticos y económicos y provocaría una verdadera hecatombe mundial.

La fórmula para enfrentar el problema del hambre puede abarcar este cambio de “prioridades” del armamentismo por una mayor cooperación, con esos recursos, a la lucha contra el hambre y otros flagelos que hoy amenazan seriamente a la humanidad.

Ojalá que nuestros lectores se animen a promover esta idea, enviando mensajes en ese sentido a todos los participantes en la Cumbre Mundial de Alimentos en Roma o a los líderes de las principales naciones vendedoras de armas y a aquellos que, a contrapelo de las necesidades de sus pueblos, siguen derrochando los recursos que deberían destinar para el desarrollo en armas de destrucción y de muerte, que a nada bueno conducen.

Una respuesta a No a las armas, sí a la producción alimenticia

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