Expectativas ante la Cumbre de Roma

Los líderes mundiales están conscientes de la volatilidad en que se encuentran sus naciones, a propósito de los altos precios del petróleo y la disminución de la oferta alimenticia elemental para asegurar la vida humana.

Saben que si esos dos factores no son rápidamente puestos bajo control, o minimizados, está en riesgo el porvenir polìtico de los propios sistemas bajo los cuales ejercen sus mandatos, no importa si se trata de regìmenes democràticos o de dictaduras.

De la variopinta muestra de representantes que asistirán a la cumbre se desprende que hay preocupación global por las consecuencias, primero, de la escasez y encarecimiento de los alimentos básicos, y, por igual, el impacto que tiene en sus economías la carestía del petróleo, que es el carburante que mueve en esta era el progreso de los pueblos.

No es que las dos crisis tengan un vínculo directo, pero se influyen entre si.

La oferta alimenticia ha venido decayendo por causa de muchos factores, no solo por la suplantación de grandes extensiones de cultivos agrícolas para generar bio-combustibles. El mejoramiento del ingreso percápita en naciones de vigoroso crecimiento económico es uno de ellos, pero en el otro ángulo está el distorsionamiento de los ciclos de siembra y producción causados por los cambios climáticos.

La crisis comenzó a contrapelo de las alzas petroleras del último año, ya que la disminución de la oferta alimenticia comenzó a registrarse en la última década.

No hay un factor más desestabilizador, en el orden económico, que el aumento del petróleo. Todas las economías se resienten, incluso las más poderosas. Pero fuera de las causas de orden especulativo, político o estratégico, siempre hay alternativas para encontrar salidas y acomodos a la crisis, sin que se llegue al colapso total.

Pero otra cosa muy distinta es someter a los pueblos al hambre y a la escasez. No solo sufren los que tienen que vivir bajo un panorama de incertidumbres en esta materia, sino los que directamente padecen la hambruna que se desencadena cuando todo escasea y se encarece.

A esto último es a lo que más se le teme, pues el ser humano, presa del hambre, reacciona siempre de manera desesperada y a veces hasta irracional cuando se trata de dar alimentos al cuerpo, y no importa si vive en un país que exhibe altos indices de crecimiento económico o si es todo lo contrario, no importa si es libre y democrático, o si se vive bajo la opresión y la mano dura.

La cumbre de Roma tiene que despejar estos temores. Y, para colmo, no le queda mucho tiempo para maniobrar.

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