Las horas finales


Fachada de la Junta Central Electoral (Foto: Listín Diario)

Faltan pocas horas para las elecciones presidenciales dominicanas, pero ya puede predecirse que la mayor victoria no será para ninguno de los aspirantes, sino para la democracia misma.

Desde 1962 el pais ha celebrado comicios generales y en cada proceso ha sorteado innumerables peligros para el sistema político que nos rige. Cada prueba ha fortalecido nuestra democracia, en un sentido mas que en otro.

Un pueblo que todavía pueda darse el lujo de patrocinar elecciones directas con participación satisfactoria de electores tiene ante sí una garantía de que el modelo de representatividad que usa para escoger a sus mandatarios es mejor que muchos otros modelos hoy en vigor en el mundo.

Los Estados Unidos, que se precian de ser un modelo de democracia, todavía practican las elecciones indirectas que su propia Constitución consagra, pero no porque sean indirectas dejan de ser representativas del sentir nacional. Lo que cambia es el modelo de representación.

Mientras en Estados Unidos hay categorías de electores que asumen, a su vez, la representación simbólica de la mayoría, en el caso dominicano no existen, y por tanto no puede hablarse de que solo las élites votan y deciden.

En el caso dominicano, cada voto vale igual, ya sea el que emite un empobrecido o analfabeto ciudadano como el que sufraga el millonario o el mas honorable de la sociedad. Bajo este modelo, la estratificación social no cuenta: todos son iguales en el ejercicio de ese derecho constitucional. Otros países no dan estas garantías.

En las horas finales que quedan de campaña electoral ( hasta la medianoche del día 14), los dominicanos deben de reflexionar acerca de la trascendencia del voto directo, en cuanto supone el reconocimiento de un derecho que no todos, en el mundo, pueden ejercitar, y en cuanto al inconmensurable valor que tiene la decisión que tome en favor de cualquiera de los candidatos presidenciales propuestos.

Es el único momento en que la conciencia y el derecho inmanente del ciudadano alcanzan su mayor esplendor y vitalidad; es el momento en el que cada ciudadano decide a quién entregar las riendas del mando de su pais para que lo conduzca durante un período de cuatro años.Es una decisión importante, crucial, única, que nadie puede desperdiciar así por así.

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