“Transfuguismo” y “chaqueterismo”

En su primer informe de evaluaciòn del proceso electoral en Repùblica Dominicana, la misiòn de observadores de la Organizaciòn de Estados Americanos subraya como preocupante el fenòmeno del “transfuguismo” en estas elecciones.

“Transfuguismo” es la denominaciòn que se utiliza para señalar el cruce de un polìtico de un partido a otro de lìnea contraria, sea por dinero o por conveniencias particulares de cualquier ìndole. En Europa, sòlo se considera “transfuguismo” cuando el que abandona, deserta o cruza de una organizaciòn a otra es un ciudadano beneficiado con un puesto electivo.

Es común que en Amèrica Latina se use el calificativo “chaquetero” para identificar a aquel que cambia su lealtad polìtica hacia otra organizaciòn, no importa las motivaciones que tuviere para hacerlo.En este caso, no distingue, como los europeos, si el chaquetero o trànsfuga es una persona elegida por el pueblo para una posiciòn en el Estado.

La OEA entiende que este fenòmeno està mellando la calidad y fortaleza del sistema partidario latinoamericano y sugiere que los partidos propicien normas para interrumpir el creciente juego de lealtades que caracteriza hoy la vida polìtica en nuestro pais.

En el caso de los europeos, varios paìses han adoptado individualmente sus salvaguardas en este sentido, dependiendo de la gravedad del fenòmeno o de las repercusiones dañinas que este tiene en sus respectivos sistemas polìticos.

En España, por ejemplo, se adoptaron normas para neutralizar el cambio de chaquetas de los concejales, a fin de que estos no pudieran representar legìtimamente a las instituciones a las que han dado el salto. Ocurrìa que, con frecuencia, estos cambios se hacìan para formar mayorìa en las corporaciones edilicias o para vulgares maniqueismos con los fondos municipales.

En Colombia se impulsa una ley de partidos en la que se consagra como anti-ètico este cambio de lealtades por puras conveniencias econòmicas o polìticas.

Como la OEA no trazò alternativas ni medidas concretas, es obvio que, a tono con la lìnea que se sigue en otros paìses donde este fenòmeno parece extenderse, lo positivo es que en Repùblica Dominicana se asuma este problema en una ley de partidos, la que tambièn podrìa regular otros comportamientos inadecuados que son los que dan origen al desencanto y la frustraciòn del pùblico con estas organizaciones, a las que consideran nidos de oportunistas y de traidores polìticos que solo van a los gobiernos a servirse, no a servir al pueblo.

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