Voto y conciencia

Se les pide a los electores que, en estos comicios del 16 de mayo en República Dominicana, voten con conciencia.

Es decir, que ejerzan ese derecho de elegir en función de lo que su razón les dicta, bajo la íntima convicción que se han formado sobre los candidatos y sobre la base de sus propias expectativas y esperanzas como ciudadanos.

En el sistema electoral dominicano, la opción primordial es al voto positivo. Se asume que si se vota a favor de uno se vota en contra de los demás, pero en realidad no existe concretamente un espacio para el voto negativo como tal, sino por la vía de anular expresamente la boleta haciendo rayados, dibujos o roturas, para que no sirva de nada, o absteniéndose de ir a votar, de manera voluntaria.

No me caben dudas de que los ciudadanos, en su mayoría, votan conforme a sus convicciones personales. Otros venden su voto, en tanto que muchos son inducidos a hacerlo, por múltiples razones. Hasta ahí, la utilidad de la conciencia.

Pero pueden ocurrir muchas decepciones y frustraciones. Si una mayoría se conecta con una misma convicción acerca de un candidato y el candidato logra el triunfo, esto no garantiza que asumirá para sí el conjunto de expectativas que animaban el voto de esta mayoría. Lo mas que representa es la percepción de que puede hacerlo, o es la figura capacitada para lograrlo.

Por tanto, la conciencia parece tener una utilidad temporal en el acto de la decisión: solo la de motivarlo, o para no ejercer el derecho, si le parece bien.

Lo inexplicable es que, después que todos hacemos un ejercicio de conciencia, este valor parecería no tener vigencia o sentido cuando en el resto del proceso se cometen acciones para torcer resultados o desconocer veredictos, o cuando el elector se da cuenta de que todas las promesas de sus candidatos, en las que confió como parte de su íntima convicción, no se cumplen.

Esta ha sido la experiencia dominicana. Todos vamos a votar con conciencia, a sabiendas de que el sistema partidario está contaminado por los incumplimientos, por los favoritismos, por la unilateralidad de sus acciones. Damos un poder ( nuestro propio poder) a un candidato, pero no siempre podremos estar seguros de que eso sirva al bien común.

Nosotros cumplimos con la Constitución, pero los políticos nunca cumplen con nosotros.

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