Los partidos, estructuras de ocasión

Los partidos se parecen a las epidemias: son recurrentes solo cuando existen las condiciones obligadas para ello.

Se activan para las elecciones, sean presidenciales o congresionales y municipales. Estos comicios representan su única oportunidad de subsistencia.

Fuera de ellos, las estructuras se reducen a un simple núcleo viviente, el que forman escasos dirigentes para mantener la “vigencia” de la franquicia. Su rol es limitado. Hablan de vez en cuando para fijar una posición que nunca se sabe si es la oficial, la que acuerda la mayoría de un comité de dirección, o si es particular, la que se le antoje al vocero o al líder de turno frente a una determinada situación.

Sus locales en el interior permanecen por lo general inactivos fuera del tiempo de zafra. El que viaja por el país en tiempos muertos (es decir, fuera de los de elecciones) se da cuenta de esta realidad.

No existen escuelas de formación política para enseñar temas de interés nacional o internacional o para educar a los militantes en la historia del país, a fin de que aprendan las experiencias anteriores que han marcado el discurrir de la vida política nacional.

Tampoco orientan ni enseñan a los militantes sobre las causas y consecuencias de fenómenos como la globalización, el cambio climático, los nuevos derechos sociales y los tantos retos a los que tendrá que hacerle frente la sociedad, incluido entre ellos el de fortalecer y preservar el sistema de partidos como eje fundamental del quehacer democrático.

Fuera del tiempo de campaña, no hay jornadas de asistencia médica ni social, no hay foros para discutir problemáticas nacionales, no hay reparto de alimentos, no hay contacto frecuente ni sistemático con los pobres, con los votantes, ni mucho menos difusión de planes e ideas concretas y viables para enfrentar los problemas.

Los partidos deben revisar su quehacer, para revertir el inmovilismo que los afecta. Por ese dejar de hacer fuera del tiempo de zafra, muchos líderes pierden el contacto con los militantes y estos se sienten que los partidos no los representan para nada.

Por eso actúan en la sociedad otros grupos que toman las banderas de las reivindicaciones y movilizan al pueblo en pos de alcanzarlas. O por eso los medios de comunicación, a través de sus editoriales y sus reportajes, asumen el papel de guías y orientadores, con más aceptación y crédito que los mismos partidos.

Hasta que no rompan con ese quehacer de temporada, su debilidad será mayor. Perderán la lealtad de sus seguidores y estos se trasladarán, en la zafra, a la organización que les reporte mejores ventajas y esperanzas.

Cuando no hay principios e ideas que respetar o seguir, el sentido de militancia y de compromiso se pierde. Y por eso es que estamos viendo hoy el llamado fenómeno del “transfuguismo”, que no es mas que una expresión auténtica de la crisis de partidos que estamos presenciando desde hace algún tiempo.

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