Una guerrilla sin sentido

En más de cuarenta años de guerra de guerrillas, las FARC de Colombia no han logrado que la mayoría de los colombianos acepte y adopte su modelo revolucionario.

Por el contrario, en todo ese largo lapso de tiempo la sociedad colombiana ha demostrado y pagado con sangre, con sacrificios y con tenacidad su opción por la democracia.

No han valido los sabotajes, los secuestros ni los atentados ni los asesinatos de candidatos a cualquier posición electiva –incluyendo la presidencia de la República– que han llevado a cabo las guerrillas para sustituir el régimen político y legal imperante.

En el climax del levantamiento, operaron al mismo tiempo otras fuerzas irregulares beligerantes, pero estas comprendieron que era conveniente “desmovilizarse” y participar abiertamente en el proceso democrático, llevando en algunos casos sus propios candidatos a las posiciones electivas para demostrar, desde ellas, que sus figuras podían generar los cambios sociales que habían estado demandando desde el plano de la guerra.

Eso fue lo que ocurrió, exactamente, con otras guerrillas latinoamericanas. En el presente, las FARC son los únicos remanentes del foquismo guerrillero que prevalecíó durante y aún algunos años después de la Guerra Fría.

No tiene sentido prolongar esta confrontación. Las FARC se han quedado en un plano inferior, sustentando su modelo de operaciones en los secuestros y en la protección militar del narcotráfico, y sus propuestas e ideales no tienen cabida ni aceptación en una sociedad que, pese a todas las amenazas y riesgos, sigue acudiendo masivamente a las elecciones y se yergue valerosa y decidida contra la expansión del narcotráfico y sus mafias asesinas y terroristas.

En un tiempo en que Cuba, su modelo portaestandarte, se mueve gradualmente hacia cambios profundos en el sistema y en el que ya no existen en América Latina grupos beligerantes como los que existían tres décadas atrás, las FARC quedan desfasadas y solitarias en una porfiada lucha que ya no se hace representar en sus ideales revolucionarios, sino en la extorsión, el terror y el aventurerismo.

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