El rasero de la ley y de la moral

Renuncias, forzadas o voluntarias, han ido desencajando el cuadro de mandos de la administraciòn Bush en los últimos meses.Relevantes figuras del gobierno, o aliadas a él por la vía partidaria, han quedado defenestradas no solo por denuncias de manejos escandalosos en sus funciones, sino por inconductas y aberraciones que chocan con la moral y la integridad que deberían regir sus vidas.

En otros casos, las dimisiones han sido el resultado de contradicciones o desacuerdos con polìticas de la administración republicana, y ahí están los casos de generales dimitentes por no estar conformes con la logística ni los alcances de la lucha contra el terrorismo, al amparo de la cual se han producido ya dos masivas invasiones en Irak y Afghanistán.

El reciente anuncio de que el secretario de Vivienda y Urbanismo de los Estados Unidos Alphonse Jackson dimitirá oficialmente el 18 de abril, tras ser vinculados por dos senadores demócratas a un tráfico de influencia en favor de contratistas amigos, agrega otro eslabòn perdido a la cadena de funcionarios que ya abandonaron a Bush, marcando de hechos deprimentes y vergonzosos a su administración.

Los casos del renunciante gobernador de Nueva York, del de Puerto Rico, y de legisladores sorprendidos en relaciones extramaritales o en actos de corrupción o de caracter ilegal se han llevado de encuentro a figuras de la talla del procurador general, al presidente del Banco Mundial, a congresistas famosos y a funcionarios, poniendo de relieve el celo y el rigor con que la sociedad norteamericana hace valer y respetar sus leyes y sus normas de regulación social.
Buen ejemplo para nuestros paìses, donde estos actos apenas producen nauseas o reacciones equivalentes a la magnitud de la aberración cometida.

Esa es una de las debilidades que explican la falta de institucionalidad y la poca seriedad con que muchos hombres y mujeres, llamados a ser lideres pulcros y transparentes, y comprometidos con el mejor porvenir para sus pueblos, le fallan a la sociedad, a la confianza que se deposita en ellos, y le fallan tambìén a sus propias familias.

Y todo por dejarse arrastrar por la pasión por el dinero y el bienestar, por la lujuria o por la ambición de poder.

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