Vivir en la “sociedad del conocimiento” (1)

A todos nos resulta fácil decir que vivimos ahora en la sociedad de la información o la sociedad del conocimiento, y que el mundo se mueve bajo este eje.

Los dos términos, sin embargo, no son necesariamente compatibles o complementarios. No siempre la información produce conocimiento y este, a su vez, tiene varias escalas y cada una de ellas son vitales y decisivas para empujar la rueda del desarrollo y del progreso.

Cuando no vivíamos en lo que muchos definen hoy como la “era digital”, es decir, bajo el predominio de avanzadas tecnologías electrónicas que hacen mas fácil y rápida la comunicación y las transacciones entre los humanos, las naciones se valieron de sus propias riquezas, del trabajo humano e intelectual de sus hijos, de sus capacidades para relacionarse con otras naciones y sacar mayores ganancias a sus productos, sin que necesariamente aquello fuese obra, pura y simple, del monopolio de la técnica.

Los modos de producción han ido cambiando en el curso de la historia y en este momento es obvio que el campo de la tecnología está dictando el ritmo de las transformaciones y creando, a la vez, el surgimiento de nuevas élites, aquellas que forman los más capacitados en el manejo del mercado y en el manejo de las tecnologías y, naturalmente, los que sepan aprovechar las mejores informaciones que influyen en ellos.

Esto es fácil de comprobar. Los empleos más elementales están requiriendo de los interesados la certificación de que conocen y manejan con destrezas estas herramientas y solo aquellos afortunados que pueden dar fe de este conocimiento tienen mayores ventajas que los demás para acceder al puesto.

Este requerimiento va parejo con otra tendencia que, por igual, fomenta una cierta discriminación, y es la de preferir a personas jóvenes que a las maduras para asumir las responsabilidades en una empresa, sea cual sea su nivel, preferentemente a aquellas que han mostrado buenas cualidades en el aprendizaje académico o técnico, lo cual no es impropio ni incorrecto.

En el ámbito empresarial se libra una lucha por alcanzar másteres en distintas áreas de la administración de negocios, lo cual ha comenzado a crear otra brecha en ese ámbito en términos de contratación y desempeño de funciones, semejante a la llamada brecha digital que divide a los hombres entre los que conocen y manejan las nuevas tecnologías, y los que no saben ni pio de estos adelantos.

Tendemos a creer que ambos fenómenos son los motores esenciales que pautan la globalización del mundo, y esto podría llevarnos a confusión y a desorientar nuestras propias brújulas, dejando de lado el reconocimiento de nuestras propias realidades, nuestras reales capacidades y el papel que nos corresponde en este mundo cambiante, que a menudo engaña a muchos con la premisa de que ahora todo es mas fácil, mas posible y mas predecible.

Cuidémonos de estos espejismos. Cuidémonos de caer en el facilismo haciéndole culto a lo fácil y cuidémonos de no quedar atrapados y condicionados por lo que yo llamo la “ansiedad por la velocidad”, que nos impulsa a asumir todo lo nuevo que llega y a desechar de inmediato lo que fue, pocos meses atras, la novedad, y a envolvernos en una carrera que nos ofusque el horizonte y que nos aleje del debate y la reflexión de los temas más acuciantes que aun no acaban de resolverse en este pais.

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