Crimenes contra la prensa y los periodistas

La prensa latinoamericana tiene muchos frentes abiertos que amenazan su espacio de libertad e independencia para comunicar los hechos al público.

Los asesinatos de reporteros, comentaristas o ejecutivos de medios se han hecho frecuentes, tanto como los insultos, los vituperios y los ataques directos a su labor por parte de gobernantes y funcionarios de algunos gobiernos intolerantes frente a toda crítica.

En este marco de constreñimientos también sobresalen las legislaciones o normas que imponen tribunales y entidades oficiales para endurecer las penas y sanciones por los delitos de prensa que aun se categorizan en algunos codigos latinoamericanos.

De ahí que la Sociedad Interamericana de Prensa le haya asignado una especial prioridad a la lucha por lograr la despenalización de esos delitos y a federalizar, en determinadas naciones, los crímenes contra periodistas, sin descuidar, obviamente, el intenso esfuerzo porque no queden impunes numerosos asesinatos de comunicadores ocurridos muchos años atrás.

Gracias al persistente esfuerzo de la SIP, el principio de la no prescripción de estos crímenes de periodistas va ganando adeptos entre personas con capacidad para influir en las reformas penales que se motorizan en algunos países.

Son mas de 320 los asesinatos de periodistas ocurridos en los últimos veinte años en América Latina, lo que ofrece una evidencia dramática y elocuente de la peligrosidad de este oficio. Solo en lo que va de año han sido asesinados 9 periodistas y tres distribuidores o “voceadores” de diarios y otros dos reporteros se encuentran desaparecidos, según el reporte ofrecido por la Comisión contra la Impunidad en la 63 Asamblea General de la SIP en Miami, Florida.

Este es el precio que la libertad ha tenido que pagar para mantenerse incólumne en la América Latina, y en este sacrificio hay que reconocer el aporte que ha hecho la prensa ( con estas altas cuotas de martirio, persecución, agresiones y penalizaciones) para que definitivamente no sea asfixiada o constreñida por la fuerza de la sinrazón, la intolerancia de las dictaduras o por el miedo mismo de los ciudadanos cuando claudican ante el peso de estas y otras amenazas.

El autor es miembro de la Comisión contra la Impunidad de la Sociedad Interamericana de Prensa y del comité ejecutivo de la Organización Mundial de Periódicos (WAN)

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